I
Hay platos que vende con pérdida
Y suele pasar algo peor: el que más vende es el que menos le deja. Cuanto más trabaja, menos gana.
Para restaurantes que están llenos y no ganan
Casi ningún restaurante lo sabe. Los precios de compra cambian cada semana y la carta se toca una vez al año. En ese hueco se va el beneficio del ejercicio entero.
Sin registrarse, sin dar el correo y sin instalar nada.
01
No es mala suerte ni que la gente gaste menos. Son estas tres cosas.
I
Y suele pasar algo peor: el que más vende es el que menos le deja. Cuanto más trabaja, menos gana.
II
El proveedor le sube los precios cada semana. Usted cambia la carta una vez al año. Doce meses de diferencia, todos los años.
III
Compra al mismo proveedor desde hace ocho años por costumbre. Nunca ha comparado con lo que paga el de la esquina.
Si le sube el solomillo un 29 % y usted no toca el precio del plato, cada solomillo que sirve le deja 1,40 € menos. Quince al día son 630 € al mes. En un solo plato.
02
Todo lo demás pasa solo.
Nos manda los platos y lo que lleva cada uno, por WhatsApp o en un audio mientras cocina. Lo cargamos nosotros. Usted no toca un teclado.
Le llega la factura, le hace una foto, la sube. Diez segundos. Nada más que hacer.
Si le sube el solomillo, se recalculan de golpe los cuatro platos que lo llevan.
«Le ha subido el queso un 22 %. Afecta a 4 platos. El solomillo al roquefort se le ha ido al 41 %.»
03
Sabemos que cambiar la carta cuesta dinero y no se puede hacer cada semana. Por eso cada aviso viene con salidas, de la más fácil a la más cara. Casi ninguna toca la carta.
Y cuando llegue el día de reimprimir —dos o tres veces al año— le damos la carta entera con los precios ya calculados, y lo que le va a suponer al año.
04
Un restaurante de 45 plazas que factura unos 28.000 € al mes. Estos son los ocho platos de su carta el día que los miró por primera vez.
Lo que le dejó callado no fue el pulpo. Fue ver que las croquetas y las papas arrugadas —la tontería que se pone mientras esperan— eran lo que le estaba dando de comer. Y que el pulpo, del que presumía y que enseñaba a todo el mundo, era el que se lo llevaba.
Tres decisiones después: subir el pulpo, subir el menú del día en pizarra y cambiar el proveedor de aceite
+2.220 € al mes
Unos 26.600 € más al año, vendiendo prácticamente lo mismo. Le costó 79 € al mes.
Caso de ejemplo con precios de mercado reales. Los suyos serán distintos: por eso lo primero que hacemos es calcularle sus platos con sus facturas.
05
79 € al mes
Por local. Sin permanencia y sin cuota de alta.
En el primer plato que ajuste ya lo ha pagado.
06
El TPV le dice lo que vende. Cuadran le dice lo que le cuesta. Son dos cosas distintas: su TPV no sabe a cuánto le ha puesto el solomillo el proveedor esta semana.
No. Nos manda su carta y las recetas como quiera —incluso en audios de WhatsApp mientras cocina— y se lo cargamos nosotros. Es la parte pesada y no es su trabajo.
Su trabajo aquí es hacerle una foto a la factura. Diez segundos cuando le llega. Lo que le quita tiempo es lo que hace ahora, que es no saberlo.
No. Sabemos lo que cuesta reimprimir. Le damos primero las salidas que no tocan la carta: gramaje, guarnición, proveedor, el menú del día que va en pizarra. El precio de carta se queda guardado para el día que reimprima.
Sus precios son suyos y no se enseñan a nadie. Lo único que hacemos con el conjunto es calcular medias por zona, para poder decirle si está pagando algo por encima del precio normal en su isla. Sin nombres.
Hoy la lee una persona: nosotros. Preferimos hacerlo bien y despacio a que un programa se equivoque en una línea, porque un escandallo con un error miente y eso es peor que no tener ninguno.
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